Estuardo escarlata

¡Hay! San José, como me dueles

Ni los conjuros de tus poderosos Guamas

pudieron conservar tu estirpe.

 

Añuiti ahora es de color Rojo…

Ya no es esperanza de galeones, de Manila.

Ni resguardo de orgullosos Pericúes

ni aliento de Guerreros de bronce

¡No!, ahora escarlata, es la Aguada Segura.

 

¡Hay!  tierra de los Coras

ni tus raíces del desierto, de mezquite y palma

penetraron la salvaje inteligencia.

 

Hoy, el Estuardo se revuelve entre tripas

maldiciendo su generosa  empatía,

ante embates de su misma prole,

de su aliento y su linaje,

que envenenan, destruyen y lo olvidan.

 

¡Hay!, esencia Pericúe,

donde escondes tu blandir,

¿Dónde ocultas tu orgullo y tu alma?

 

El embrión que antes protegías

hoy es perro rabioso

y con sus fauces te desgarra

Y monstruosamente se revuelve

por venenos, dinero y tierra.

TARSIS

Nueva imagen (3)

Tarsis!, Tarsis!

¿Dónde estás ahora?

Dónde tu aplomo, dónde tu proba gallardía.

Yenekamú: ¿Y  tu arco? ¿y tu alma?

¿Dónde tu legado extinto?

 

El invasor en silencio

caminado ha, sobre los vientos.

Y como nunca imaginaste,

hoy revienta en sangre y fuego

el temor de nuestros viejos.

 

Tarsis siempre bella,

no pensaba en la muerte;

ni lo monstruos bamboleantes

que abortaban dos cabezas

Inquietaron a su Alteza.

 

Tarsis!, Tarsis!

¿Dónde estás ahora?

Yenekamú: ¿dónde tu legado extinto?

Vuestra sangre hermana misma

es la causa de su olvido.

 

Y arribaron y llegaron

desde tierras no lejanas

se sentaron en tu fuego,

y tu historia pisotearon

con veneno en sus entrañas.

 

Tarsis no pensaba en la muerte;

entre Amazonas y Guerreros,

caracolas, conchas y arena,

ni Ulloa, ni el franciscano,

mellaron su lontana estirpe.

 

Tarsis!, Tarsis!

¿Dónde estás ahora?

Impotentes pinturas en las rocas

Por los siglos se agitan y estremecen

Pericúes: ¿Y su tierra?

 

Hoy tus hijos nuevos mueren diario

por ponzoña mal venida,

dementes usurpantes que pululan

mercadeando espejos de lujuria,

por tus calles y avenidas.

 

Tarsis vivía en paz y calma,

con princesas y animales.

Desde el Arco hasta el estero

Y sin cuidarse las espaldas,

platicaba con los mares.

 

Yo soy Guama el poderoso.

Mas sin tu esencia no hay mirada,

urge del desierto y las aguas,

la fuerza de tus ojos y tu alma,

Tarsis, ¡Tu pueblo te proclama¡

 

Ángel Jorge Chávez Rodríguez      Marzo 2017